Tiene razón Mariano Rajoy cuando dice que la nacionalización de Bankia era la única opción ante el hundimiento financiero de una entidad cuya quiebra podría haber provocado gravísimos daños entre sus clientes y accionistas,
gente bastante corriente que, muy lejos del dibujo demoniaco con que de
forma habitual y recurrente se retrata a los «mercados», ha sentido de
cerca la amenaza de la ruina. Estamos para ayudarnos. No tenemos ni un duro, pero lo poquito que saquemos, después de barajar, lo vamos repartiendo entre todos para pasar el mal trago.
Invertir en bancos es bueno para que la gente le pierda miedo a eso los mercados
Resulta más discutible, en cambio, el anuncio de la gran inversión que para el común de los españoles representa la adquisición de Bankia, esa ganga
que, con el tiempo, sigue Rajoy, se va a revalorizar de tal manera que
al final nos va a hacer ricos a todos. Vuelven aquí a aparecer en
escena, aunque ladeados, sin llegar a ser nombrados, los «mercados»,
nada que ver, tampoco en este caso, con esos demonios
que desde no se sabe dónde miran a España con ganas de morderle la
yugular y sacarle la pringue. Los mercados, en limpio, somos todos: los
que se han quedado pillados en Bankia y los que, dentro de unos años, a
lo grande, se van a forrar con su venta.

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